Caraduras

Magnificas las declaraciones del señor Rosell, representante de la clase patronal de este nuestro país, cuando dice (y no se le cae la cara al suelo, oye...) eso de que “una minoría no puede paralizar un país” refiriéndose a los sindicatos u gremio o vaya usted a saber...
Yo, le añadiría Sr. Rosell, que “¿Qué clase de desvergüenza es esa, de oponerse a los designios de los que mandan en el cotarro? Los sindicatos y aláteres deben ser obedientes y aceptar las sabias palabras y decisiones de nuestro gobierno, que no hacen más que defender los intereses de una parte importante de nuestro entramado social, o sea; los que realmente producen riqueza, y no el resto que solo aspira a vivir de la sopa boba.
El que quiera estar tocándose la mandolina, en plan escandinavo, con referencia al estado del bienestar, que le reclame a sus padres, por no haberlos parido en Noruega o Finlandia, un suponer... Pero mientras se declaren y acepten ser españolitos, toca tragar y con tiento de no atragantarse, pues queda mucho por trasegar muchachos...
¿Qué coña es esa de querer cobrar subsidios o paro? O tener sanidad gratuita? O esperar justicia gratuita? O etc. etc. ... ¡El que aspire a tener servicios, que se los pague! El Estado no es más que un buen recaudador, para repartir/se las prebendas que correspondan y a las personas “bienpensantes” y agradecidas... ¡Faltaría otra!
Nada, lo dicho señor Rosell, ahora toca comenzar a dar un repaso a la clase emigrante, esa que vinieron a quitarse el hambre y a llevarse la riqueza de nuestra querida España. Tome usted ejemplo de nuestros vecinos de la dulce Francia, ellos ya les están mostrando las puertas de salida a los de dentro y avisando a los de afuera, no ser bien recibidos.
Este es modelo de engrandecer los países, unas buenas estructuras de explotación a la alemana. Después, tirar las cáscaras de lo exprimido. Lo doloroso es olvidar que se está pisoteando a personas y no maquinas...